Mostrando las entradas con la etiqueta Conservas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Conservas. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de noviembre de 2010

MERMELADA DE HIGOS CHUMBOS

Había probado los higos chumbos hace años en la finca de mis abuelos en Cilleros (Cáceres), pero ya no me acordaba ni de como sabían, así que este año cuando bajamos en Septiembre, después de los calores infernales del verano, fuimos a por unos pocos para volver a probarlos.
Aunque han de cogerse por la mañana temprano cuando aún no ha calentado el sol y a ser posible que no haya nada de viento para que no vuelen las púas y se nos claven, fuimos por la tarde antes del viaje de vuelta.
Nos pusimos en contra del viento y llenamos un cubito de ellos cogiéndolos con unas tenazas.
Después de probarlos de nuevo, me encantaron, así que hace poco cuando mis padres volvieron por el puente de los santos les pedí que me trajeran unos pocos. Pensé que ya estarían demasiado maduros o que ya no habría, pero todo lo contrario, estaban en su punto justo de maduración.
Están muy ricos, pero no se deben de comer muchos pues son muy astringentes, asi que con algunos preparé mermelada, otros los sequé (quedan tipo higos pasos, secos por fuera y jugosos por dentro) y el resto los tengo en la nevera para irlos consumiendo poco a poco. En la nevera duran mucho, incluso más de un mes.

Os dejo una foto de la chumbera donde cogimos los higos:

DSC00078

Esta planta no deja de ser un cáctus, así que aguantó perfectamente los rigores de la sequía de este pasado verano. Si os fijáis las palas estaban prácticamente consumidas, porque la planta va cogiendo el propio agua que almacena en los meses de lluvia para mantenerse y dar frutos.
Otra curiosidad, que yo toda la vida oí a mis abuelos es la forma de plantar las chumberas. Simplemente poniendo una pala debajo de una piedra en el suelo con el tiempo echan raíces y crece una nueva chumbera. De hecho, me traje una pala para plantarla en una finca que tenemos aquí en el norte y ahí la tengo, ya está empezando a echar raíces. Aunque no se si conseguiré que fructifique, pero por probar no pierdo nada.

Para comerlos, también hay que tomar precauciones, pues el fruto, al igual que la planta, también esta lleno de pinchos, que si se clavan en la piel son muy molestos y muy complicados de quitar, pues apenas se ven. Yo, por mucho cuidado que tenga siempre me clavo alguno, asi que mi abuela me dijo que el truco era frotar las manos con un poco de aceite y así salen, y la verdad es que funciona.

Os dejo el paso a paso a seguir para pelar los higos chumbos:

Lo mejor antes de nada es ponerlos en un bol debajo del grifo de agua fría y con una cuchara o similar irlos moviendo para que el agua se lleve la mayor cantidad de pinchos.

Luego, se coloca el higo en un plato:

DSC00468


Se pincha con un tenedor:

DSC00469


Se cortan los dos extremos:

DSC00470


Se gira el higo y se le hace un corte a lo largo sin profundizar demasiado, sólo la piel:

DSC00472

Poco a poco y con la ayuda del cuchillo se va desprendiendo la piel con mucho cuidado y procurando no llevarse demasiada carne del higo:

DSC00473

Una vez pelados podemos prepararlos de diferentes formas o comerlos tal cual, estan buenísimos, pero no son del agrado de todo el mundo.

Con algunos preparé mermelada:

DSC00200

Ingredientes:

1 kg de higos chumbos pelados
600 gr de azúcar

Preparación:

Picar los higos chumbos y mezclarlos con el azúcar. Ponerlos en una cazuela al fuego e ir removiendo para que el azúcar no se pegue al fondo. Cuando empiece a hervir bajar el fuego y dejar cocer hasta que haya que el líquido haya reducido y la mezcla haya espesado, más o menos serán 40 minutos.
Para saber si la mermelada ya está lista poner una cucharadita en un plato y llevarlo al congelador unos segundos para que enfríe. Cuando esté fría sabremos la consistencia que tendrá la mermelada una vez terminada.
A mi no me gusta triturarla para que las semillas queden enteras, me gusta la textura en la boca.
Si no os gusta encontraros estas semillas podéis pasar la mermelada a través de un chino, un colador, un tamiz... de forma que quede suave y sin pepitas.
Si la vamos a consumir en los días posteriores podremos guardarla en la nevera.
Para guardarla durante mucho tiempo tendremos que embotarla. Para ello esterilizamos unos botes de cristal en una cazuela con agua hirviendo durante 20 minutos, los sacamos y los ponemos boca abajo sobre un paño limpio para que el agua escurra.
Una vez secos introducimos la mermelada en ellos, los cerramos con las tapas también esterilizadas y los llevamos a una cazuela con agua hirviendo que los cubra a hervir durante 1 hora (este paso podemos hacerlo en olla express y con 15 minutos desde que sale vapor será suficiente). Dejar en el agua hasta que enfríen. Etiquetar y guardar.

DSC00203

Con esta entrada participo en el concurso de comida silvestre organizado por "La flor del calabacín"


jueves, 7 de octubre de 2010

TOMATES SECOS EN ACEITE DE OLIVA AROMATIZADO

Con esta receta, además de inaugurar un nuevo apartado de conservas en mi blog, quiero participar en el concurso que organiza el blog "Las recetas de Sara" con colaboración de Aceitevirgen.com





Esta conserva me ha servido para mantener un poquito más de tiempo el sabor de los tomates de mi huerta, pues de esta manera se conservan perfectamente durante todo el invierno.
Una vez secos tienen un sabor mucho más intenso y son ideales para añadir a guisos de todo tipo, platos de pasta, pizzas...etc. En aceite de oliva con especias toman el sabor de éstas que combinado con el del tomate genera una mezcla de sabores que es ideal para acompañar un trozo de queso o comerlos tal cual con un poco de pan. Están deliciosos! Os animo a probarlos.

Ingredientes:

Tomates cherry o pera
Sal gruesa
Ajo
Tomillo seco
Albahaca seca
Orégano seco
Aceite de oliva virgen extra

Preparación:

Lavamos los tomates y los partimos por la mitad si son tomates cherry. En rodajitas de medio centímetro si son tomates pera, aunque si estos últimos son pequeños podemos partirlos también por la mitad.
Se ponen en un recipiente y se espolvorean con abundante sal gruesa.



Se dejan reposar 10 minutos, se escurre el líquido que habrán soltado y se colocan uno a uno en las bandejas de la deshidratadora o en bandejas para secarlos al sol o en el horno.



En la deshidratadora tardarán unas 8-10 horas en estar listos, dependiendo de la potencia de la máquina.



Secándolos al sol tardarán varios días, tendremos que tener la precaución de taparlos con una gasa para que no los invadan los insectos, y guardarlos por la noche.
En el horno a 100ºC tardarán más o menos como con la deshidratadora. De todas formas cada horno es un mundo, y si el horno dispone de aire será mucho mejor activar esta función para que el calor circule uniformemente, lo que ayudará a que se sequen con mayor rapidez.

Tienen que quedar más o menos así:





Una vez secos se esterilizan los tarros donde los guardaremos en abundante agua hirviendo durante 20 minutos, se dejan secar sobre un paño limpio y se llenan con los tomates secos. Espolvoreamos las especias y añadimos el diente de ajo pelado, o simplemente un poco machacado con la piel si no queremos que de mucho sabor. Llenamos los botes con aceite de oliva y cerramos.



Se conservan en el frigorífico por muchos días, pues el aceite es un buen conservante. Además este aceite constituye un aliño ideal para ensaladas o cualquier plato que lleve aceite de oliva en crudo.



Si queremos mantener la conserva por más tiempo deberemos de hacer el vacío a los tarros. Se cuecen en una olla cubiertos de agua durante al menos 20 minutos desde que el agua empieza a hervir y se dejan en la olla hasta que el agua esté fría. Cuando las tapas ya no estén abombadas se habrá hecho el vacío. De esta manera se conservarán a temperatura ambiente, sin necesidad de frigorífico.